Diagnóstico
Diagnóstico y estudios a realizar
Para realizar el diagnóstico de hipertensión arterial es necesario acudir con un médico, quien realizará una valoración general que incluirá lo siguiente:
- Evaluación de los antecedentes familiares y personales.
- Toma de presión arterial con el uso de un aparato llamado esfingomanómetro.
- Valoración del fondo de ojo con un oftalmoscopio.
- Valoración del sonido del corazón y del flujo sanguíneo por las arterias (sobre todo las carótidas y las arterias renales) con el uso de un estetoscopio.
- Investigación de alteraciones debidas a una causa secundaria de hipertensión, evaluando por ejemplo la presión arterial en brazos comparativamente con la de las piernas, palpando el abdomen, entre otros aspectos.
Durante la evaluación, el médico tomará varias lecturas de la presión arterial. Para esto, deberá emplear un manguito del esfingomanómetro bien calibrado y que se ajuste de forma apropiada al brazo del paciente, con el objetivo de obtener mediciones lo más exactas posibles; se realizarán varias tomas, separadas por lo menos por 5 minutos. Cuando se acuda a consulta, no hay qué olvidar que se deben tener mínimo 30 minutos sin haber ingerido una comida alta en grasas, fumado, realizado ejercicio y sin tener urgencia de acudir al baño, esto para que las cifras obtenidas no se vean afectadas.
La mayoría de los médicos no hacen un diagnóstico definitivo de hipertensión hasta no haber medido la presión arterial varias veces, con un mínimo de 2 tomas en 3 días diferentes. En general, no se debe hacer el diagnóstico basándose sólo en una toma, a menos que ésta sea >210/120 mmHg o se acompañe de lesión en alguno de los órganos afectados comúnmente por la presión alta. Algunos doctores les piden a sus pacientes que adquieran un aparato portátil para medir la presión durante varios días seguidos, llevando un diario con las tomas obtenidas. Esto ayuda al médico a determinar si un paciente sufre verdaderamente de hipertensión o sólo de la llamada “hipertensión de bata blanca”, que es cuando la presión arterial de un paciente se eleva durante una visita al médico pero no en circunstancias normales, siendo la ansiedad y el estrés posiblemente factores contribuyentes. En caso de realizarse el diagnóstico de hipertensión arterial, es conveniente que el paciente continúe utilizando su aparato de medición para llevar un monitoreo ambulatorio de su presión, de manera que se puedan comparar dichas tomas con las que el médico obtiene cada vez que se acude a consulta. Sin embargo, debe tenerse en mente que estos dispositivos pueden no brindar una lectura precisa. Aun así, recuerde que toda cifra superior a la normal es motivo suficiente para consultar a su médico, quien le dirá cuál es el mejor plan de acción y tratamiento.
Cuando acuda a realizarse una valoración inicial, su médico le informará si es necesario realizar ciertos estudios de rutina que, por lo general, siempre incluyen:
- Biometría hemática.
- Química sanguínea.
- Examen general de orina.
- Perfil lipídico.
- Radiografía de tórax.
- Electrocardiograma.
En caso de que se sospeche de una hipertensión secundaria, su doctor está obligado a realizar una serie de exámenes más amplia para encontrar la causa. También está indicado realizar estudios especiales de hipertensión secundaria cuando el esquema inicial de medicamentos fracasa. Por lo tanto, las medidas específicas y los exámenes a realizar para llegar a un diagnóstico preciso dependerán de las causas más probables de la hipertensión en cada paciente.
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